lunes, 4 de noviembre de 2013

Acindar, Martinez de Hoz y el ADN del Genocidio



4 de noviembre de 2013
Otro paso para saber cuales fueron las empresas que pagaron el genocidio. La resolución que ordena investigar a ACINDAR como financió la represión a obreros metalúrgicos en 1975‏.

04.11.2013
Tiempo Argentino accedió a la resolución del juez Oyarbide que ordena investigar cómo Acindar financió la represión a obreros metalúrgicos en 1975




Otro paso para saber cuáles fueron las empresas que pagaron el genocidio
 Frente a los datos que describen secuestros, fusilamientos, desapariciones y unas 300 detenciones ilegales en Villa Constitución, el magistrado abrió una causa particular que apunta a establecer la responsabilidad directa de la empresa.

Por Daniel Enzetti
En una decisión que apunta a establecer la responsabilidad directa de la empresa Acindar en cientos de crímenes, desapariciones y secuestros ocurridos antes y durante la última dictadura cívico-militar, el juez federal Norberto Oyarbide determinó el pasado 23 de octubre que la participación del grupo fue clave en el gigantesco operativo represivo montado el 20 de marzo de 1975 en la localidad santafesina de Villa Constitución contra trabajadores metalúrgicos, hecho recordado popularmente como "El Villazo". Y que por lo tanto, la investigación de aquella avanzada militar en tiempos de Isabel Martínez y José López Rega, con sus consecuencias posteriores al golpe de Estado, merece ser tomada como causa en particular, y vinculada con delitos de lesa humanidad.

El tema venía siendo analizado dentro del expediente 1625/2010 a partir de una querella presentada por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, pero dentro de una causa más general, la 1075, que abarca cientos de delitos cometidos por la Alianza Anticomunista Argentina. La razón por la cual Villa Constitución fue tomado como un anexo de las acciones de la Triple A, en un principio, era que algunos de los mercenarios reclutados por el ex ministro de Bienestar Social habían secuestrado y reprimido a los obreros en esas preliminares del golpe de Estado. Fue el mismo Oyarbide el que determinó eso. Sin embargo, los avances logrados desde 2010, cuando la Liga inició la querella, convencieron al juez de que El Villazo merece un tratamiento aparte.

Tiempo Argentino accedió a la resolución que fundamenta la medida, y a las cédulas de notificación firmadas por Oyarbide, donde el magistrado pide de manera urgente distintas informaciones a organismos públicos y fuerzas de seguridad. Además, llama a declaración testimonial a varios testigos a partir del 4 de noviembre, y avanza sobre Acindar, exigiendo a la Inspección General de Justicia datos acerca del pasado y presente de la empresa.

Pedro Dinani, abogado de la Liga, dijo a Tiempo que "celebramos el paso dado por Oyarbide desde todo punto de vista, porque se ajusta a lo que siempre afirmamos: que lo ocurrido en Villa Constitución excede la investigación abierta de la Triple A". Y agregó: "Esto recién empieza. Van a ir apareciendo nuevos imputados, gente que hoy está tranquila en su casa y que nunca imaginó que la encontraríamos."

Lo determinado por el magistrado es una muy mala noticia  para el grupo, que esperaba licuar su responsabilidad dentro de una megacausa que podría ser eterna. Pero establece otro aporte clave en la lupa puesta sobre el poder económico como principal sostén del genocidio. ACINDAR, a partir de ahora, se sumará a otros ejemplos de empresas que pagaron para matar, como Mercedes-Benz, Ford o Ledesma.
Ciudad tomada. El 20 de marzo de 1975, un operativo articulado entre las bandas represivas policiales de la Federal y la santafesina, la Guardia Rural "Los Pumas" –fuerza de choque similar a "Los Cardenales" creada por la empresa inglesa La Forestal en los años '20–, Prefectura Naval, la Secretaría de Inteligencia del Estado, Gendarmería, matones del Ministerio de Bienestar Social, militares y pistoleros de la Triple A, invadieron Villa Constitución y detuvieron a 300 trabajadores que venían resistiendo persecuciones y despidos masivos. El gobierno de Isabel ordenó reconvertir el Albergue de Solteros de la planta como cárcel clandestina. Una veintena de militantes continúan desaparecidos.

Carlos Del Frade, uno de los periodistas que investigó el despliegue, sostuvo que los camiones y autos utilizados por las fuerzas de seguridad ocupaban "una columna de un kilómetro y medio" de largo. "Policías provinciales, federales, hombres de la pesada de la derecha sindical peronista y personajes como Aníbal Gordon, entre otros, hicieron del Albergue de Solteros de Acindar el primer Centro Clandestino de Detención del país. Había una razón de peso: el ex comisario de la Policía Federal, Rodolfo Peregrino Fernández, confesó que Martínez de Hoz, presidente de Acindar, pagó cien dólares a cada uno de los represores."

La Iglesia también fue invitada a la fiesta. El cura misionado en las localidades de Pavón, Empalme y Theobald, Samuel Martino, festejó la matanza haciendo sonar las campanas de la parroquia San Pablo Apóstol.

El despliegue fue total. Las policías se reservaron la zona de la fábrica y los barrios lindantes. El local de la UOM de la Villa fue clausurado, y la mayor parte de su Comisión Directiva, con Alberto Piccinini a la cabeza, fue detenida. Sólo en la ruta que conecta la Villa con San Nicolás y Rosario, se contabilizaron más de cien vehículos integrantes de los grupos de choque, con un promedio de tres personas en cada uno. Entre otros, del asalto participaron los comisarios Córdoba Caín y Antonio Fischietti; los oficiales Salas, Morales, Muñoz, Mojica y Miranda; los agentes Chamorro y Castillo entre el grupo Los Pumas; y varias bandas policiales encabezadas por Raúl Ranure.

Durante varias semanas de resistencia, las asambleas en la planta llegaron a superar los 3000 trabajadores.

Hasta el 19 de mayo de 1975, cuando después de dos meses de huelga, una brutal represión final logró que la empresa desocupara el predio. Los dieciséis miembros de la Comisión Directiva de la UOM local fueron trasladados al penal de Rawson.
El Huevo de la Serpiente. La querella presentada por la Liga en 2010, contra Alfredo Martínez de Hoz, Isabel Martínez y los integrantes del Directorio de Acindar, incluye párrafos de un dictamen del Dr. Eduardo Taiano, entonces titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Nro. 3, donde sostiene que el grupo "una y otra vez reclamaba a las autoridades 'orden' y represión de los conflictos sociales. En el caso que nos ocupa, se patentiza aún más con la información que certifica que el directivo de la empresa Acindar –José Alfredo Martínez de Hoz– se reunió con altos funcionarios del gobierno nacional en los días previos al operativo 'Serpiente Roja del Paraná' que hace objeto de la presente denuncia."

Una vez iniciada la huelga de los trabajadores de la UOM, el Boletín Oficial tardó dos días en dar "su" versión, vía libre para reprimir: "La gravedad de los hechos es de tal naturaleza que permiten calificarla como el comienzo de una vasta operación subversiva terrorista, puesta en marcha por una deleznable minoría nacional."
Oyarbide toma como parte de su investigación un trabajo realizado por el antropólogo Jorge Winter, donde se sostiene que "los vehículos desde los cuales partieron las balas que mataron a un trabajador portuario y a un vendedor de diarios en abril de 1975 habían tenido libre acceso al camino de INDAPE, firma entonces controlada por el Grupo Acindar. Al día siguiente, durante la movilización de los trabajadores de Acindar en contra de esos asesinatos y otras intimidaciones, un helicóptero de la Policía Federal se dedicó a 'marcar' y a hostigar a los manifestantes. Dicho helicóptero había estado estacionado (y desde allí había partido para reprimir a los trabajadores) en el helipuerto de Acindar."

La existencia de un destacamento en el interior de la fábrica fue confirmada por varios testimonios. Uno de ellos es el del ex comisario inspector Carlos Rampoldi: "En el año 1977 ingresé a la jefatura de la Policía de Villa Constitución  en el cargo de comisario inspector a cargo de la División Informaciones. En ese momento, el grupo de Los Pumas ya estaba acantonado en la fábrica Acindar, cumpliendo tareas."

La red para desaparecer, secuestrar y asesinar a los trabajadores se extendió a otras firmas del grupo, como Metcon, Vilber y Marathon. El trabajo sucio lo encabezó Fischietti, conocido como "Don Chicho", entonces delegado policial en Tucumán y jefe del Área IV de Seguridad Federal en el noroeste.

Según Peregrino Fernández, cuyo testimonio completo intenta conseguir hoy el juez Oyarbide (ver recuadro), "las patronales de las industrias metalúrgicas instaladas allí, en forma destacada el presidente del Directorio de Acindar, ingeniero Arturo Acevedo, establecieron una estrecha vinculación con las fuerzas policiales mediante pagos extraordinarios en dinero. Acindar se convirtió en una especie de fortaleza militar, con cercos de alambres de púas. Los oficiales policiales que custodiaban la fábrica se alojaban en las casas reservadas para los ejecutivos de la empresa… Acindar pagaba a todo el personal policial (jefes, suboficiales y tropa) un plus extra de dinero, suplementario al propio plus que percibían oficialmente los efectivos, tarea que estaba a cargo del jefe de personal de dicha empresa, de apellido Asnares, así como del jefe de Relaciones Laborales, Pellegrini."
Los fusilamientos. Uno de los puntos clave por los que Oyarbide decidió que la investigación de Villa Constitución fuera analizada en particular responde al período que abarca la causa Triple A. Mientras el expediente 1075/06 comprende delitos de lesa humanidad registrados entre el 21 de noviembre de 1973 –atentado al ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, carta de presentación oficial de las AAA–, y el 11 de julio de 1975 –cuando López Rega se las ingenió para escapar a España–, Serpiente Roja del Paraná no se quedó en aquellos dos meses de ocupación fabril.

Sus brazos se extendieron más allá del golpe de Estado de 1976, con más persecuciones, secuestros, asesinatos y desapariciones.

El 10 de abril de 1975, Miguel Ángel Lobotti fue fusilado en una cancha de fútbol de Villa Gobernador Gálvez. Trabajaba como operario de la empresa. En mayo de ese año estalló una bomba en el edificio de Ferrocarriles. El mismo día, un grupo interceptó el auto donde viajaba el delegado gremial de Metcon e integrante de la Lista Marrón, Rodolfo Mancini, que fue masacrado. Su cuerpo apareció días después en Sarandí. En octubre secuestraron a los delegados Carlos Ruescas y Julio Palacios, y a una abogada de apellido De Grandis. Los cuerpos aparecieron mutilados en la localidad de Albarellos, a pocos kilómetros de Villa Constitución.

El 13 de diciembre del '75 asesinaron en un supuesto enfrentamiento a Juan Carlos Salinas, operario de un taller contratista que había apoyado la huelga de Acindar. Lo mismo le pasó a su primo Domingo Salinas, operario de Marathon. En la madrugada del 8 de enero del '76, los obreros y vecinos de la Villa, Antonio Pedro Reche, Jorge Raúl Andino y Carlos Tomson, participantes del intento de recuperación del sindicato, también fueron secuestrados. La semana siguiente, sus cuerpos aparecieron acribillados en un terreno.
Los fundamentos de Oyarbide. En su resolución de hace pocos días, a la que accedió Tiempo Argentino, el magistrado sostiene que "si bien existe conexidad entre ambas actuaciones (la causa Triple A y la querella presentada por la Liga sobre Villa Constitución), ello no supone subordinación de una causa a la otra, y dado que no se ha dispuesto la acumulación, no hay obstáculo alguno que justifique que tramiten bajo régimen procesal distinto".

E insiste en que "aquí (en referencia a la represión en la Villa) se involucra la responsabilidad del Directorio de una empresa como Acindar, cuyo presidente en el momento de los hechos era José Alfredo Martínez de Hoz, quien luego de ocurrido el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 pasó a ser el ministro de Economía del gobierno militar que tomó el poder, circunstancia esta que no puede soslayarse, dado que los intereses económicos de Acindar, prima facie, no parecen ajenos a la represión que se desata el 20 de marzo de 1975 en Villa Constitución".

"Por otra parte –agrega Oyarbide–, y como ya se señaló, la represión contra los militantes, empleados y delegados gremiales de Villa Constitución, que comenzó en el año 1975, continuó bajo el gobierno militar."
El juez brinda ejemplos concretos de esa continuidad. Como el de Nadia Doria, delegada de Acindar y ex compañera de Piccinini. Fue detenida por primera vez aquel 20 de marzo de 1975, y nuevamente el 26 de marzo de 1976. La dictadura la fusiló en enero del año siguiente. Para Oyarbide, es "absolutamente claro que estamos ante una nueva etapa en la investigación respecto de los crímenes de lesa humanidad cometidos con anterioridad al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y de las presentaciones de la querella de fs. 16/31 y 173/74 y documentación reservada se vislumbra que estos hechos tienen imputados distintos a la causa 1075/06, que por otra parte se encuentra próxima al cierre del sumario en lo que respecta a la investigación de la asociación ilícita enquistada en el Ministerio de Bienestar Social".
“Queremos saber quiénes financiaron el genocidio”
–¿Qué es lo más importante de lo que decidió Oyarbide?
–Sin duda, tomar la gigantesca represión de Villa Constitución como análisis en sí mismo. El Villazo fue el primer gran ensayo donde se plasmó la connivencia entre el poder político y el poder económico, y a partir de ahora aparecerán nuevos imputados. Hay empresarios que estuvieron muy tranquilos en estos últimos años, en su casa y con su familia. Los mismos que financiaron la represión y las desapariciones, desde antes del golpe de Estado, y también después. Si no se analizan estas cosas, bajamos el debate y resumimos la dictadura a la obra macabra de unos locos sueltos, violentos y genocidas. Además, la causa que ahora toma nuevo impulso tiene características distintivas como, por ejemplo, poder investigar quiénes fueron los responsables del centro clandestino de detención que funcionó en el Albergue de Solteros, un edificio ubicado dentro de Acindar. Llegó la hora de saber quiénes financiaron el genocidio que hubo en este país.
lo que exigió el juez para esta semana
El magistrado solicitó a la Inspección General de Justicia los "antecedentes que obren en dicha dependencia respecto de la conformación de la empresa ACINDAR". Y a la AFIP, el domicilio legal y fiscal de la firma. Por otro lado, pidió al Boletín Oficial y a la Secretaría Legal y Técnica de la Nación copia certificada del "comunicado oficial mediante el cual se dio a conocer la represión del supuesto complot que se gestaba en la ciudad de Villa Constitución, Santa Fe, y que tuvo lugar el 20 de marzo de 1975".

Requirió "los datos del personal policial que según resulta de la causa 5912 'Piccinini, Alberto y otros s/inf. art. 189 bis y 210 CP y ley 20840', intervinieron en la detención y represión de los dirigentes de la UOM", y el "legajo personal correspondiente a cada uno de los individualizados".

Otro de los documentos que le interesan a Oyarbide es el testimonio completo del ex inspector de la Policía Federal, Rodolfo Peregrino Fernández, brindado ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU) el 8 de marzo de 1983. Fernández reveló detalles pormenorizados del operativo de 1975, pero hace varios años, misteriosamente desapareció la hoja número siete de aquella declaración. El juez intentará obtener una versión digital completa de esas palabras, que podrían conservarse en el Archivo Nacional de la Memoria.

Además, el magistrado pidió a la policía la "nómina de personal afectado a la Delegación Rosario de la PFA en marzo de 1975", y sus legajos. A los Juzgados Federales con asiento en la ciudad rosarina, la "nómina de causas que por infracción a la Ley 20.840 se iniciaron el 20 de marzo de 1975, señalando los imputados y la resolución recaída en dichas actuaciones". Y a la Secretaría Legal y Técnica, la copia certificada de los Decretos PEN 798/75, 768/75 y 944/75.

Solicitó a la querella remitir los datos filiatorios de los testigos Roberto Martínez, Oscar Forles, Luis Tomasevich y Carlos Del Frade.

Por último, citó para que dieran su declaración testimonial, a partir del 4 de noviembre, a Jorge Víctor Marín y Analía Marín, que se sumarán a las efectuadas el 30 y 31 de octubre por Jaime Fuchs y José Schulman.
Fuente:TiempoArgentino

lunes, 26 de agosto de 2013

La Hora de Blaquier y el Grupo Azcuénaga

Un petit hotel para la usina civil del golpe de Estado

Un certificado oficial revela que el dueño del Ingenio Ledesma, cuyo procesamiento por complicidad en delitos de lesa humanidad acaba de ser ratificado por la Cámara Federal de Salta, era propietario del inmueble donde se reunía en los ’70 el Grupo Azcuénaga.





 Por Alejandra Dandan (*)


La causa del Ingenio Ledesma incorporó una nueva prueba: el certificado del registro de propiedad de un petit hotel de la calle Azcuénaga 1673, en la Ciudad de Buenos Aires. El petit hotel es un lugar legendario en la historia de las articulaciones políticas previas al golpe. Dio nombre al llamado Grupo Azcuénaga, creado en 1973, desde donde tras la muerte de Perón salió la “mesa chica” de intelectuales orgánicos de la dictadura nucleados en lo que se conoció como “Grupo Perriaux”. Según el registro, la residencia perteneció a Carlos Pedro Blaquier entre 1971 y 1977. La Cámara Federal de Salta acaba de confirmar el procesamiento del dueño del Ingenio Ledesma en Jujuy por complicidad con crímenes de lesa humanidad. En su indagatoria, Blaquier negó conocer el llamado Grupo Azcuénaga. El documento, que muestra su relación con la casa de la calle Azcuénaga y por lo tanto con ese grupo, refuerza las pruebas de su vínculo con el gobierno militar, al mostrar su compromiso con “el grupo de apoyo y sostén teórico de la dictadura” de la que se aprovechó económicamente.
Lejos de Jujuy, el impulso que tenga la investigación sobre esta nueva prueba puede a su vez servir en Buenos Aires para destrabar otra causa que tramita sin pena ni gloria desde los años ’80. Se trata de una causa que intentó “desentrañar la complicidad civil” en la “rebelión” o golpe de Estado de marzo de 1976. Tuvo un avance en 2007 y un dictamen en 2011 del fiscal Federico Delgado, quien intentó darle algo de movimiento pero aún no lo logró (ver aparte).

El grupo

El Grupo Azcuénaga y el grupo Perriaux formaron parte de una serie de clubes y ateneos que emergieron con distintos nombres y, a grandes rasgos, con los mismos integrantes, a partir del primer peronismo. La historia de esas trayectorias fue reconstruida, entre otros, por Vicente Muleiro en su libro fundamental 1976: El golpe civil. Sus datos integran el análisis jurídico que hizo la Justicia federal de Jujuy para reconstruir las características del contexto histórico en que el Ingenio Ledesma aportó camionetas para los secuestros de marzo y julio de 1976.
Quienes aparecen en ambos grupos son funcionarios de las distintas dictaduras o empresarios que integraron grupos de lobby antes y después del golpe de marzo de 1976. Forman parte de lo que algunos describen como el sistema de “puertas giratorias”: un mecanismo que siempre dejó puertas abiertas y cruzadas entre los grupos económicos y el Estado.
Como indica uno de los investigadores de la causa en Buenos Aires, “a vuelo de pájaro y sin mayor rigor metodológico, esos ‘civiles’ son los mismos que protagonizaron el proceso de la deuda externa y los que, a la hora presente, están ligados al último canje de deuda y a los litigios que hacen bailar al país en Nueva York”.
En términos históricos, no fue lo mismo el Grupo Azcuénaga que el Perriaux, pero tuvieron un mismo origen. “El Grupo Azcuénaga se conforma en 1973 –dice Muleiro a Página/12– con el gorilaje desorientado tras el rotundo triunfo del peronismo. Se lo denomina así porque funcionaba en el petit hotel de Azcuénaga 1673. “Daban charlas, conferencias y había reuniones semanales con debates de dos horas. Pasaban unas 40 personas: abogados, militares, periodistas. A medida que el gobierno peronista, tras la muerte de su líder, entra en crisis y se debilita, la actividad del grupo se acelera. Uno de los contertulios era Jaime Perriaux, que saca de allí una ‘mesa chica’, que se reúne en Recoleta, donde sale la pata civil del videlismo con eje en José Alfredo Martínez de Hoz y la participación de Mario Cadenas Madariaga, Horacio García Belsunce (padre), Guillermo Zubarán, Enrique Loncan y Armando Braun.”
Perriaux era abogado, pero suele ser retratado como un intelectual, conservador, operador de acuerdos políticos, con dotes de filósofo, amigo y representante en Buenos Aires de Ortega y Gasset y alterado en el contexto de los años ’70 por “el ascenso del movimiento de masas”. Hombre de fortuna, fue representante de una empresa alemana llamada Staud y Cía, cruzada por sus relaciones con el nazismo. Perriaux fue ministro de Justicia de Levingston en 1970 y 1971, de Lanusse entre 1971 y 1973 y creador de la Cámara Federal en lo Penal, el “Camarón”, diseñado en los primeros años ’70 para perseguir a la oposición política, ya bajo la figura de la “subversión”. Amigo de José Alfredo Martínez de Hoz, fue además una figura clave en los acuerdos y consensos políticos entre los sectores de la derecha y el ala militar videlista antes del golpe.
Muleiro recuerda en su libro que, mientras se aceleraba las crisis en el peronismo tras la muerte de Perón, Perriaux convocaba a los integrantes de la “mesa chica” a reuniones en su estudio de Pueyrredón y Vicente López o en su fastuosa casa de Gelly y Obes.
En esa “élite” o “mesa chica” había otra figura clave: el general retirado del Ejército Hugo Mario Miatello, muy amigo de Videla, que había sido jefe de Inteligencia del Ejército en 1970 y jefe de la SIDE entre 1971 y 1973. Muleiro lo evalúa como figura en espejo de Perriaux. Especialista en técnicas de contrainsurgencia, “sovietología”, Perriaux trabó con él vínculos mientras ambos estuvieron en funciones en la gestión de Lanusse: uno en la SIDE y el otro en Justicia. En el Grupo era un enlace con el “ala militar”. “Como réplica anticipada y también paralela de la dupla Videla-Martínez de Hoz, otro monstruo bifronte representa la dupla cívico-militar que prohijó el golpe –dice Muleiro–. Es la que conformaron el abogado Jaime Perriaux como coordinador del núcleo duro de civiles que conspiraron y prepararon planes para el golpe de Estado y el general de inteligencia (Miatello), enlace ante su amigo Videla.”
Es siguiendo el camino de estos dos nombres y los de la “mesa chica” que el libro va describiendo en clave de prueba la intervención de los civiles en el golpe. Revisa las políticas de desgaste sobre el gobierno peronista impulsadas desde las organizaciones empresarias, los lockouts patronales, la construcción de consensos o la legitimación del golpe de Estado desde las usinas políticas y sobre todo desde los medios de comunicación.
Muleiro también revisa en ese sentido la autoría del programa económico que puso en marcha Martínez de Hoz, un dato que también fue analizado en busca de indicios en la causa de la “rebelión” en Buenos Aires. El libro señala reuniones, entre ellas una previa al golpe y que juntó al Perriaux con Martínez de Hoz y un equipo llamado “Equipo Compatibilizador Interfuerzas”. Recuerda una declaración de García Belsunce padre en el diario La Prensa o un editorial del diario La Nación de 1979 en el que se indica que “el plan económico comenzó a gestarse poco después de la muerte del ex presidente”, por cinco personas, que son las mismas que Muleiro menciona como integrantes de la “mesa chica” del Perriaux.

La lista

Entre esos nombres pueden pensarse dos grupos: una parte fue “orgánica” del Ministerio de Economía de la dictadura y otra aparece entre los grupos de poder que antes del golpe actuaron en el desgaste del gobierno peronista y luego se beneficiaron con las políticas económicas. O, como dice Muleiro, “recuperando el paraguas estatal para engordar sus negocios”. Estos son:
1) Mario Cadenas Madariaga, que será futuro secretario de Agricultura en el período de Jorge Videla.
2) Horacio García Belsunce (padre), abogado, había sido secretario de Hacienda en 1962 y 1963 y presidente, síndico y director de diversas empresas privadas, entre ellas, Acinplast, Maltería Quilmes, Philips, Santa Rosa, Coroplast y Fiat Argentina.
3) Guillermo Zubarán será secretario de Energía durante la presidencia de Jorge Videla.
4) Enrique Loncan, abogado y economista, en los años ’60 dictó clases en la Escuela Superior de Guerra, entre los años 1966 y 1970 fue embajador en Sudáfrica y luego asesor de la Cámara Argentina de Comercio. También presidió empresas mineras. Años después fue el fundador de Barrick Gold Exploraciones Argentina, puso en marcha el proyecto de La Alumbrera y fue director del Banco General de Negocios.
5) Armando Braun, de la Cámara Argentina de Comercio, es parte de Apege, la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias, caracterizada por sus campañas de desgaste, y donde confluyeron los sectores agropecuarios y comerciales cuyos integrantes todavía resuenan en el presente: la Sociedad Rural, Carbap, CRA, Jorge Zorreguieta. “La arremetida de la Apege fue intensa, durísima y pública”, escribe Muleiro sobre el combate al gobierno durante 1975 y los preparativos para el lockout de febrero de 1976. “Las figuras retóricas eran reiteradas y sonaban como tambores de guerra: ‘disolución nacional’, ‘camino al marxismo’, ‘falta de autoridad’, ‘violación de la propiedad privada’, ‘estatismo’, ‘privilegios irritantes’”. En febrero, Armando Braun decía: “De poco valen los esfuerzos y el sacrificio de vida de nuestras Fuerzas Armadas y de seguridad si deben luchar con el contrapeso de una política que alimenta las causas de la delincuencia subversiva”.

El procesamiento

Blaquier está procesado por haber entregado los vehículos a las fuerzas de seguridad para los secuestros de dirigentes sindicales y referentes sociales de la industria del azúcar en marzo y julio de 1976. La Cámara Federal de Salta confirmó ese procesamiento el viernes pasado. Las imputaciones están sostenidas sobre distintos testimonios pero, además, pruebas documentales. Estos elementos refuerzan lo que el derecho menciona como “responsabilidad objetiva” y “subjetiva” en el delito. La nueva prueba del certificado es vista como un elemento más para reforzar el “carácter subjetivo” de su intervención, su compromiso con el grupo de operadores que entendió que el golpe era necesario. Esto es importante sobre todo al cotejar los argumentos de la defensa, que luego de negar el aporte de camionetas ahora intenta mostrarlo en todo caso como un elemento “inocuo” de alguien que eventualmente colaboraba sin saber.
Esta línea del “compromiso” consciente está reforzada por otros antecedentes. Una solicitada de Ledesma en la que saludaba el primer aniversario del golpe. O la carta destinada a “mi querido Joe”, en la que Blaquier escribe a José Alfredo Martínez de Hoz y analiza cómo conseguir fondos entre los empresarios para sostener una campaña de prensa en el exterior que diluya las críticas hacia la Argentina. El regreso a la historia del Grupo Azcuénaga es así un nuevo elemento de peso.

(*) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-227616-2013-08-26.html

 

sábado, 17 de agosto de 2013

Horacio González: "La Responsabilidad de los Jefes Civiles del Terrorismo de Estado - El Caso Saiegh"


Horacio González. Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Mesa Redonda y Debate: "La Responsabilidad de los Jefes Civiles del Terrorismo de Estado - El Caso Saiegh".  Fundación para la Integración Latinoamericana -FIL-. Buenos Aires. 22-03-2013.

martes, 11 de junio de 2013

Papel prensa, la nueva verdad


Recordar los tres años de la apertura a prueba de la maniobra de apoderamiento de Papel Prensa es colocar en valor lo que significó –y significa– la colaboración de los tres diarios monopólicos con la dictadura militar.

Por:
Tiempo Argentino

–La publicación de la solicitada del 19 de Mayo de 1977 en la primera plana de los diarios La Nación, Clarín y La Razón, en la que los nuevos apropiadores de Papel Prensa informaban a la opinión pública que habían adquirido la empresa con la AUTORIZACIÓN de la Junta de Comandantes genocida. Además, aclaraban que el Estado Nacional "colaboró" para que la operación se concretara.

–O también la postal del Proceso: Jorge Rafael Videla, Ernestina de Noble, el general Saint-Jean y el coronel Ramón Camps encabezando la ceremonia donde se cortó la cinta de la planta de Papel Prensa en San Pedro. En esos dos hechos quedó revelado el pacto cívico-militar del Proceso, con la inclusión gravitante de los medios periodísticos.

Recordemos entonces que el gobierno nacional denunció una operación –para la transferencia de acciones de Papel Prensa– que se había realizado cometiendo delitos de lesa humanidad contra los integrantes de la familia Graiver y personal jerárquico que revestía en su holding empresario. De esta manera, se puso en claro un tema tabú para la clase política argentina, que había mantenido una actitud de sometimiento y complicidad con el Grupo Clarín, que marcó hasta entonces el perfil mediático de las corporaciones interviniendo en las más importantes decisiones del país.

El debate posterior echó más luz. Como nadie hubiera imaginado, hubo una oleada de sectores –supuestamente ligados a la causa nacional- que salieron sin tapujos a defender a Clarín y a las corporaciones mediáticas. De esta forma se mezclaron los delfines de la derecha institucional y los supuestos progresistas del discurso comprometido, en una abierta solidaridad con quienes habían cometido el delito de lesa humanidad. 

El caso Papel Prensa puso en valor qué pensaba cada uno y a qué intereses respondía. La contundente denuncia, el relato conmovedor de quienes habían sido vejados para apropiarse de las acciones y el relato sobre que las reuniones del saqueo se habían realizado en las oficinas patricias de La Nación, eran demasiado para la hipocresía del periodismo del sistema. Lo que nació como un acto de verdad sobre un hecho inocultable, había generado un estado de conciencia impactante en amplios sectores de la sociedad. Hasta ese momento, de ahí el mérito de Cristina y Néstor Kirchner, nadie había explicitado esta relación perversa de la prensa monopólica encorsetando a la democracia. 

Y comenzó un duro camino judicial, la causa estuvo más de dos años sin encontrar juzgado y costó mucho establecer el ámbito donde dilucidar este conflicto. Hoy, afortunadamente, hemos sido notificados de que comenzaremos a declarar la semana próxima. Magnetto y Mitre van a tener que explicar el motivo de sus charlas con el general Gallino (en 1977), en los campos de concentración dónde estaban los integrantes de la familia Graiver. Será aleccionador cuando un juez de la Nación les pida una rendición de cuenta de sus maniobras para apoderarse de las acciones en sociedad con la dictadura de Videla. 

Los momentos históricos son sencillos cuando ocurren, pero analizados con el tiempo modifican el juicio que a veces tenemos de ellos. Esta causa es el juzgamiento al periodismo que acompañó a la dictadura, a los empresarios de medios gráficos que silenciaron muerte, tortura y desapariciones durante los años que fueron del '76 al '83.Y que lo hicieron por dinero y poder.

Papel Prensa no es un juicio más, es saber hasta el final la matriz que utilizaron los genocidas, incluyendo a los sectores de civiles que los acompañaron.

A Clarín y La Nación les molesta la justicia.

En poco tiempo se cumplirán 35 años de una imagen: la foto que tantas veces vimos del genocida Videla brindando con Ernestina Herrera de Noble en la inauguración de la Planta de Papel Prensa.

Nosotros señalamos a Clarín y La Nación como partícipes de los delitos de lesa humanidad. No fueron sólo socios de la dictadura: fueron parte de la maquinaria del horror, de la censura, de la mentira, la persecución, la violación sistemática a los Derechos Humanos.

El Poder Judicial tiene en sus manos la causa iniciada con la denuncia de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, como parte de las políticas históricas de Memoria, Verdad y Justicia. Pero no avanza. Detrás de los crímenes de Clarín y La Nación hay mucho más que empresas: está la forma sistemática de pensar y comunicar de multimedios que siempre optaron por defender los intereses de unos pocos. Clarín y La Nación fueron la dictadura y siguen siendo ideólogos de un proyecto de país para pocos.

La apropiación de la empresa Papel Prensa fue silenciada durante muchos años, pero pudimos quebrar el silencio y gritar que Clarín y La Nación también fueron la dictadura. Pudimos llevar la causa al Poder Judicial, porque los delitos son de lesa humanidad, pudimos demostrar la forma de operar de Clarín, que no sólo incluye la concentración económica, sino también la simbólica: forma opinión. En el último tiempo, Clarín volvió a usar un discurso del miedo, del terror, de la inestabilidad. No quiere defender bajo ningún punto de vista un proyecto de Patria que sea para todos.

Los delitos cometidos por Ernestina Herrera de Noble y sus socios son muy graves, porque están enmarcados en crímenes contra la humanidad. Son daños en perjuicio de todo el pueblo. En particular, la apropiación de Papel Prensa no sólo es un delito por cómo fue cometida, sino también por su contexto: una dictadura cívico-militar. El Estado ha sido víctima de los crímenes de Clarín y La Nación, que al ser de lesa humanidad no prescriben y se siguen cometiendo.

Decir que Clarín miente es mucho más que un slogan: es la denuncia contundente sobre un grupo que debería respetar el compromiso de comunicar e informar a la sociedad, pero que opta por mentir; es la afirmación de que mientras en las calles hay un pueblo entero que lucha por saber toda la verdad sobre los desaparecidos, Clarín sigue eligiendo ocultar lo que sabe e hizo.

El proceso histórico de Memoria, Verdad y Justicia está trabajando sobre la participación de Clarín, La Nación y La Razón en los delitos de lesa humanidad. Y también está avanzando sobre La Nueva Provincia de Bahía Blanca. Tenemos el orgullo de poder decir que acá se juzga a genocidas, acá se sostiene desde hace diez años la decisión política de juzgar y condenar a los verdugos, acá se demuestra que la impunidad no es eterna y que la mentira tampoco.

A Clarín y La Nación les molesta la justicia. Tiemblan sus títulos falsos. Sin dudarlo, se encolumnaron detrás del vocero De la Sota para pedir la baja de las condenas de los genocidas a cambio de información. Qué alivio habrán sentido cuando De la Sota hizo noticia lo que ellos no podían publicar.


Fuente: Tiempo Argentino 

La Nación y sus editoriales para defender a los cómplices civiles de la dictadura




La editorial de La Nación del miércoles 23 de mayo de 2012, de cara al avance de la Justicia sobre aquellos casos que involucran a los civiles cómplices y verdaderos jefes de la dictadura  (los únicos que se beneficiaron con el Terrorismo de Estado), resulta de vital importancia. El caso Saiegh, confirma que Papel Prensa no fue la única empresa desapropiada durante la última dictadura mediante el secuestro y la tortura, pero especialmente, resulta clave para poder  identificar a quienes, a través Terrorismo de Estado, hicieron posible obtener beneficios personales.

La Nación demoniza a Saiegh, poniendo en práctica una técnica retorica refinada y perversa, que presenta los hechos fragmentados, distorsionados y ordenados de modo tal, que puedan convencer con sentimientos más que con razones, haciendo verosímil un relato falso que moldea, en la opinión publica, una postura favorable a los tiempos de quienes publican editoriales y tienen - por temáticas similares a esta-  varias citas postergadas con la Justicia.  

La editorial, aprovecha la medida que frena el pago, y lo presenta como algo que probaría por sobre todas las cosas, que el reclamo de Saiegh es falso, y por lo tanto, merecedor del repudio absoluto del conjunto de la sociedad.  

Claro,  la editorial no menciona que el mismo decreto que frena el pago, reconoce los hechos denunciados por Saiegh “compatibles con el accionar del Terrorismo de Estado”; tampoco que la Secretaria de DerechosHumanos de la Nación, es parte querellante en la misma causa, justamente, para acompañar y respaldar ese  reclamo ante la Justicia, considerando que ese es   “el ámbito natural para su adecuada resolución”. La Justicia, dice el decreto,  es quien debe dictaminar las medidas compensatorias como la restitución de bienes. Como también es la Justicia, la que puede (y debe) investigar, juzgar y castigar a quienes cometieron delitos y utilizaron el estado terrorista para obtener beneficios personales. Como por ejemplo, los que permiten difamar a una víctima, manipular a la opinión pública, condicionar al Gobierno y conservar  la impunidad en la Justicia.   

Acusan a Saiegh de ofender la memoria de las víctimas, solamente, porque sus reclamos se apoyan en  hechos “que resultarían falsos”. Pero no resultan, ni resultaron, ser falsos, sino que “resultarían”. Lo presumen, lo sospechan, lo infieren, pero  no lo pueden afirmar. Admiten, de esa forma, que desconocen la realidad de los hechos. Aun así, justifican la liquidacion del BLA con los mismos argumentos que se obtuvieron bajo secuestro y tortura. “La entidad cayó en esa situación agobiada por una cartera de auto préstamos y créditos a empresas insolventes”, afirman. Y lo afirman de manera clara, segura y precisa, aun cuando los hechos “resultarían” ser falsos. Del mismo modo, afirman también que la liquidación “siguió los procedimientos aplicables al caso”. Tal vez, sea una manera elegante y sutil de referirse a los métodos que, con total normalidad,  utilizaban en la dictadura. Los mismos que ahora, con total impunidad, desconocen realmente. Tal vez, la memoria selectiva les impida hacer buena memoria. Pero de eso, en definitiva, se va a encargar la Justicia. 


MR.
JCCCD









domingo, 9 de junio de 2013

La Nazion y sus Fantasmas





 Por Luis Bruschtein

El nombre de Hitler tiene una densidad que convierte en monigote al que lo banaliza. No se le puede decir Hitler o hitleriano a cualquiera. Y eso fue lo que le pasó a Federico Sturzenegger, un hombre con más chapa que la Villa 1.11.14. El fantasma del feroz genocida ya había rondado los editoriales del diario La Nación. Para el presidente del Banco Ciudad y funcionario de Mauricio Macri, la equivalencia entre Alemania nazi y la Argentina actual estaba dada por la participación de movimientos juveniles (“juventudes hitlerianas”) de la política, de grupos religiosos y de los movimientos sociales en el control del acuerdo de precios que hizo el Gobierno. En realidad se refería a La Cámpora que, junto con Carta Abierta, se han convertido en los blancos preferidos de la oposición. Para La Nación, la referencia al Tercer Reich apuntaba a las actitudes “autoritarias del Gobierno”, pero el editorial se hacía sentir en el contexto del debate por la reforma judicial.

De la misma manera la izquierda ha usado hasta el abuso el término fascista como proyectil ideológico. Aunque casi podría decirse que en ese caso el término fascista aparece por lo menos un escalón del horror más bajo que Hitler. La Alemania nazi, Adolf Hitler, representan el exterminio, el límite mismo del espanto. Más allá no hay nada. Esta figura espectral ejerce una seducción especial sobre la derecha. La derecha no usa el término “fascista”, usa a Hitler porque la tranquiliza. Hitler les permite sentir que no son tan de derecha.


Un gobierno de derecha, conservador o de centroderecha puede reprimir, provocar despidos, excluir a importantes sectores de la sociedad. Y no es lo mismo que los campos de concentración y las duchas de gases de la “solución final”. Un gobierno de ese signo puede bajar los salarios, anular las jubilaciones para los más humildes y hasta apropiarse del ahorro de las capas medias con corralitos o flexibilizar el trabajo, pero no es lo mismo que el trabajo esclavo que el nazismo proveía a sus empresarios. Por supuesto, un caso aparte han sido las dictaduras militares, que en la Argentina han desarrollado siempre políticas económicas neoliberales. Julio Scherer García, un prestigioso periodista mexicano, fue secuestrado cuando viajó en los años ‘70 a Guatemala para investigar violaciones a los derechos humanos. Una gran campaña internacional logró que lo liberaran y contó que, en la sala de torturas, los militares guatemaltecos tenían una foto del dictador argentino Jorge Videla y otra de Hitler. La paradoja está en que el diario La Nación apoyó a Videla y nunca lo equiparó a Hitler como sí lo hizo ahora con este gobierno. El paradigma del horror en Argentina fue Videla, como lo es Hitler para el mundo y el mismo diario que apoyó a Videla equipara a este gobierno con Hitler.

“Lo único que yo dije –explicó Sturzenegger– fue que Hitler mandó a las juventudes hitlerianas a controlar los precios y que este gobierno hace lo mismo.” El hombre del MIT, el director de la escuela de negocios de la Di Tella, el supuesto economista brillante del neoliberalismo queda reducido así a sus prejuicios, los que nunca son inteligentes por más chapa intelectual que lleven sus portadores.

Más allá de los controles de precios, existen paralelismos que no son prejuiciosos y que ponen al neoliberalismo más cerca del nazismo que este gobierno. Porque la teoría del nacionalsocialismo se basó en la supremacía racial, los arios son los superiores según dijo Hitler, porque son los más fuertes, lo cual incluye fuerza física e inteligencia. La esencia de ese pensamiento casi darwiniano es la supremacía del más fuerte.

Esa “proximidad” teórica con el nacionalsocialismo estaría en que esa doctrina económica también plantea la supremacía del más fuerte. El neoliberalismo respeta la lógica de un mercado donde el que tiene más capital juega con ventaja sobre los demás y termina doblegándolos y subsumiéndolos. Una teoría que tiende a que los fuertes desde el punto de vista económico, lo sean cada vez más, y los más chicos tiendan a sucumbir o a ser engullidos. Una teoría que cuando se aplicó, destruyó a la clase media y condenó a la miseria a millones de personas a ser excluidas de la posibilidad de trabajar y de cualquier otro beneficio social.

Sturzenegger fue secretario de Políticas Económicas primero con Ricardo López Murphy y luego con Domingo Cavallo como ministros de Economía durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Acusarlo de nazi, ni siquiera usando el mismo eufemismo que La Nación: “salvando las enormes distancias”, sería caer en la misma banalidad política que cayó el titular del Banco Ciudad. De todos modos nunca estará de más recordar el tremendo daño que le causaron a tanta gente las políticas de las que Sturzenegger fue uno de los ejecutores.

El diario La Nación, que respaldó a la dictadura pero equipara a este gobierno con el Tercer Reich, lo hizo en el marco de su rechazo “republicano” a las leyes de la reforma judicial impulsadas por el Gobierno. Tiene que haber alguna trampa en esos sentidos que se cruzan. Los hermanos del nacionalsocialismo: el falangismo y el fascismo, son esencialmente corporativos. Y la esencia de la reforma judicial es anticorporativa. Tiende a abrir la participación ciudadana para romper el manejo cerrado de un poder de la República.

Para hacer efectivo un pedido de amparo ante una ley, la Justicia estima que lo debe presentar un damnificado. Prácticamente ninguno de las decenas de amparos presentados para impedir la elección popular de los consejeros de la Magistratura son ciudadanos comunes. Casi todos ellos son representantes de asociaciones de jueces y abogados. La contradicción está en que si realmente la que estuviera amenazada o resultara damnificada por esa ley fuera la “República”, cualquier ciudadano podría presentar el amparo. Sin embargo, la misma Justicia estaría considerando que las damnificadas en cuestión son las corporaciones de abogados y jueces. El mecanismo que están usando para rechazar esa norma termina por demostrar la necesidad de que esa ley se aplique para romper ese esquema corporativo.

Los pedidos de amparo se pueden describir de la siguiente manera: Son abogados y jueces que se presentan ante otros jueces para que los abogados y jueces elijan a los abogados y jueces que integrarán el Consejo de la Magistratura. Se confunde a este organismo con un sindicato de abogados y jueces. Por el contrario, la Magistratura no está para resolver los intereses de los abogados y jueces, ni tiene por qué representarlos. Sí tiene que haber abogados y jueces, pero para resolver los aspectos más políticos de los requerimientos de justicia de la sociedad en su conjunto. Y por lo tanto es la sociedad, a través del voto popular, la que tiene que elegir a los abogados y jueces que mejor representen sus intereses en esa función.

La idea de que los abogados y jueces que van a estar en el Consejo de la Magistratura tengan que ser elegidos exclusivamente por las asociaciones de abogados y jueces, confunde a la Magistratura con un sindicato. Es una idea corporativa. Se trata de dos corporaciones, los colegios de abogados y la asociación de magistrados que, bien o mal, representan a los intereses de quienes las integran. Pero al avanzar sobre la Magistratura usurpan una institución que debe representar al interés común. En ese traspaso de funciones se trata de hacer prevalecer los intereses de un sector por sobre el interés común. Eso es corporativo.

La derecha, sea Sturzenegger o el diario La Nación, tiene que ser más cuidadosa para hablar de Hitler, porque el nazismo proviene de la derecha y en sus raíces ideológicas surgen lazos y parentescos que no tienen los movimientos que buscan ampliar derechos tanto de las mayorías como de las minorías. El nazismo discrimina a las minorías y a los más débiles. Puede haber derechas democráticas que no discriminen por raza o religión, pero desde el punto de vista económico siempre están con el más fuerte. Que en este país se consolide una derecha democrática es un verdadero desafío porque en Argentina todas las dictaduras han sido de derecha y neoliberales.




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EDITORIALES DE LA NAZION II



La técnica retórica de La Nación en su editorial “Lucrar con los Derechos Humanos”, publicada el miércoles 23 de mayo de 2012, es refinada y perversa. Con información fragmentada, fuera de contexto y falsa, logran engañar al lector. De ese modo, moldean en la opinión pública una posición moral ante una temática sensible, que le permite a los editores seguir postergando las citas que, por casos similares a este, tienen pendientes con la Justicia. 


El decreto que frena el pago, reconoce los hechos denunciados por Saiegh “compatibles con el accionar delTerrorismo de Estado”, y la Secretaria de Derechos Humanos es parte querellante en la misma causa, acompañando y respaldando el reclamo ante la Justicia, justamente, por entender que ese es “el ámbito natural para su adecuada resolución”. Es decir, para que dictamine la restitución de bienes, tome medidas compensatorias, y para que se investigue, se juzgue y se castigue a quienes cometieron delitos en nombre del estado terrorista, pero especialmente, a quienes obtuvieron beneficios personales, como los que permiten difamar a una víctima, manipular a la opinión publica, condicionar a un Gobierno y conservar la impunidad ante la Justicia.   

En la editorial, acusan a Saiegh de ofender la memoria de las víctimas. Solo porque sus reclamos “se apoyan en  hechos que resultarían falsos”. Pero no resultan, ni resultaron ser falsos. “Resultarían”. Lo presumen, lo sospechan, pero no lo pueden afirmar. Pero lo mas llamativo, y lo que realmente debería tener en cuenta la Justicia algún día – el día que haya Justicia – es que La Nación justifica la liquidación del BLA exactamente con los mismos argumentos que se obtuvieron bajo secuestro y tortura. Afirman que se liquido por “insolvencia”, incluso, cuando los hechos "resultarían falsos”. En el primer párrafo, quien sepa leer entre líneas, podrá ver el secuestro y la tortura de la Dictadura, envueltos en una siniestra y fina ironía: “La liquidación siguió los procedimientos aplicables al caso”.


MR.
JCCCD

 

Se reactiva la causa Papel Prensa: Lidia Papaleo declarará el próximo jueves 13 de junio





La viuda del ex banquero David Graiver declarará el próximo jueves 13 de junio en la causa en la que se investiga la apropiación ilegal de Papel Prensa durante la úlima dictadura cívico militar. Así lo confirmó hoy a Télam Osvaldo Papaleo, quien también estimó que recibirá en los próximos días la citación para declarar en la causa que instruye el juez Julián Ercolini. La Justicia analiza la tasación de la empresa Papel Prensa desde sus orígenes, sus balances "históricos" y la evolución del precio de sus acciones para comprobar si hubo "precio vil" en su venta durante la última dictadura cívico militar.

El juez federal Julián Ercolini, a cargo de la causa, requirió el envío de todos los balances y un informe sobre la tasación y la evolución del precio de sus acciones "desde sus orígenes" para determinar si hubo "precio vil" en la venta.  "Se comparará el precio de las acciones en esa época y a cuánto se vendió", explicaron fuentes judiciales. Como esta etapa ya está finalizando, ahora comienza la fase de citación de testigos, comenzando por las víctimas de la operatoria. En este sentido, declararán Lidia y Osvaldo Papaleo, y Rafael Yanover, quien era vicepresidente de Papel Prensa.

"Sería muy bueno que declare Héctor Magnetto, Ernestina de Noble y la familia Mitre", explicó Papaleo. En diciembre del año pasado, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación pidió citar a declaración indagatoria a quienes figuran como imputados en la causa, Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre, Sergio Peralta Ramos, Marcos Peralta Ramos, Hugo Peralta Ramos, y el ex dictador Jorge Rafael Videla, fallecido recientemente.

También se había requerido la del ex ministro de Economía de la última dictadura cívico militar José Alfredo Martínez de Hoz, quien también murió. En la causa se investiga si hubo delitos de lesa humanidad en la venta de las acciones de la empresa que pertencía a la familia Graiver, cuyos integrantes fueron secuestrados y torturados, para concretar el traspaso a precio vil a La Nación SA, Clarín y La Razón SA en la últma dictadura.

Los querellantes en la causa son la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo y la Secretaría de DD.HH. La causa iniciada en el 2010 estuvo frenada por un conflicto de competencia entre la Justicia federal porteña y la de La Plata, que quedó superado cuando la Cámara Federal porteña resolvió que Ercolini quedase a cargo del caso.


Fuente: Telam

sábado, 8 de junio de 2013

Tiempo Argentino: entrevista exclusiva a Lidia Papaleo

06.06.2013 |

"Quiero que Papel Prensa esté en manos de los argentinos"

Dice que su motor para pelear por esa causa es el amor que la une a David Graiver. Del olor del miedo en los centros de tortura a la búsqueda de justicia en una causa emblemática para la democracia. Cuál es el estado de la causa.

 
Cae la tarde en la calle Montevideo. Lidia Papaleo lleva un abrigo largo y botas. Me toma del brazo. Pasamos a metros de la casa del hombre más poderoso de la Argentina, Héctor Horacio Magnetto. Protagonista del despojo de Papel Prensa, socio de Videla y Massera y ahora erigido referente empresarial del "periodismo independiente". Representante mediático de los dueños del trigo y mentor ideológico del golpe por desgaste que pretende jaquear a la democracia nuestra. Pese a las pruebas en su contra, ningún juez lo llama a testimoniar, por ahora (ver aparte). Le temen al "señor Magnetto", diría el Duhalde servil.
Los testimonios se dan o se ocultan. Por eso esta nota, a tres años de la investigación que realizamos en Tiempo Argentino y que, con orgullo, forma parte del expediente judicial. Algún día, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre deberán explicar aquel brindis con Videla en la planta de San Pedro y el pacto con los genocidas para apropiarse de una empresa y edificar un monopolio en base a la sangre derramada de los argentinos.  
Ahora Lidia parece frágil bajo la lluvia. Dice que su motor es el amor. La construcción amorosa que alguna vez formó con David Graiver. Se aferra a su memoria y marcha como puede. Con cada uno de sus huesos. Con todo lo que es.
Una joven modelo de cabello castaño y ojos grises posa para una sesión de fotos en la plazoleta que parece parisina. La lluvia nos rodea con su serpentina de agua nieve. Brillan los gotones y se expanden en círculos.
Es el paso del tiempo que vuela como un ave derrapada.
El alma de las cosas.
En los ojos transparentes de Lidia veo a una mujer que ha sufrido mucho. Demasiado. Pocas personas resistieron las vejaciones y torturas de los centros de exterminio de Ramón Camps. Estuvo desaparecida y luego presa seis largos años. Cuando los representantes de Clarín y La Nación ayudaban a elaborar "interrogatorios" con el inquisidor de los Graiver designado por el finado Videla –el general Oscar Gallino, en 1977–, Lidia era torturada por una patota de nazis.
A esos nazis nadie los denunciaba desde los editoriales de la época. Porque tanto Clarín como La Nación y La Razón fueron el sostén del relato de la peor dictadura de nuestra historia, sus protectores, socios y propagandistas. No habrá programa de cotillón que los aleje de la alianza con el terrorismo de Estado.
Y lo saben.  
Aquellos aniquiladores antisemitas también picanearon a Jacobo Timerman, colega "editor" de estos recientes "republicanos".

"¿Así que sos sionista?", le preguntaban, a los gritos y cachetazos, los verdugos al mando de Miguel Etchecolatz. "Sí, lo soy", respondía el fundador de La Opinión.
Desnudo y torturado fue más digno que toda esa jauría de enloquecidos de sangre. 
Lidia conoció muy bien esos calvarios. En la causa por el Circuito Camps describió en detalle cómo padeció un tumor cerebral a causa de los brutales golpes que le propinaba Norberto "Beto" Cozzani, miembro de la patota de Puesto Vasco.
 "En muchas oportunidades me decían que por orden del gobierno (la dictadura de aquel momento) teníamos que vender las empresas sólo a empresarios argentinos y no judíos", declaró.
Esos 23 templarios del horror fueron condenados a prisión perpetua el 19 de diciembre de 2012 por esta justicia democrática. Pero todavía falta hallar al resto de los nietos de las abuelas y revelar quién secuestró a Jorge Julio López del barrio Los Hornos, en La Plata.
Todavía falta.

DOLOR MILITANTE. Lidia cuenta que hace más de seis años que no ve a sus nietos, los hijos de su hija María Sol, y ningún juez la asiste en su derecho como abuela. Miran para otro lado.
A veces hace una pausa en sus pensamientos que la remontan como el hilo del barrilete hasta Antonio Domingo Papaleo, su papá panadero y anarquista, fallecido en el ’82, tras una hemorragia que comenzó dentro de la cárcel.
Se siente rodeada por los fantasmas de las antiguas compañeras intramuros y la historia de una ladrona de bancos que tenía más coraje que algunos hombres. Afuera, iba armada con una 45 y cocaína. Adentro, protectora fiel, acercaba las noticias de "afuera" y el mate cocido reparador. La escalera del vacío.
Lidia vuelve al destino como arrebato de su duelo.
–¿Qué la moviliza a seguir adelante?
–El amor a David Graiver me mantiene viva. Pienso en él y me da fuerzas para seguir. La relación amorosa con David es mi motor. La familia que supimos crear. Así logré sobrevivir todos estos años de padecimientos. Mi hermano Osvaldo, mi hermano Hugo. Ellos me ayudaron siempre. Si hasta me quisieron echar de mi edificio porque era una presa de la dictadura, casada con un judío al que tildaban de terrorista. Mis propios vecinos. Sé bastante sobre el funcionamiento del odio. Podría hacer un tratado. Pero prefiero actuar con amor y dedicación. Tener convicciones tiene un costo. Yo quiero que Papel Prensa esté en manos de los argentinos. Que esté en manos del país. Porque "Dudi" fue un pionero en un montón de cosas. Él creía en la pluralidad de voces, en el ejercicio del periodismo, en la libertad. Ayudaba a los jóvenes pintores y los becaba para la Bienal de Venecia. Era íntimo amigo del cura Carlos Mugica y donaba la leche y el pan para la Villa 31. Pocos lo saben, pero así era David. Un buen hombre.
–Su muerte sigue siendo un misterio.
–Fue terrible para mí, de golpe me quedé totalmente sola. A cargo de un conglomerado de empresas y bancos en todo el mundo y con una hija chiquitita. Me acuerdo que en una reunión social en México, antes de la muerte de David, un importante hacendado, Gabriel Alarcón, le había dicho: "David, vendé Papel Prensa porque te costará la vida." Fue en el ’76. Me quedé totalmente sorprendida con aquella frase. Le pregunté y él como siempre me dijo que me quedara tranquila, que no pasaría nada. Luego de su muerte comencé a recibir presiones que me llevaron a pensar que iba a vivir momentos muy duros y no me equivoqué.
–¿Cómo hizo para sobrevivir?
–Con fe. Yo siempre me refugié en mi familia, pero no estaba preparada. Soy sólo una psicóloga, no sabía manejar un grupo empresario como el que había creado mi marido. No tenía ni la menor idea de qué hacer. Pero regresé al país y me hice cargo. Después vinieron los aprietes de los tres diarios, las reuniones con esta gente en el edificio de La Nación, donde  me topé con la mirada perversa de este señor Héctor Magnetto, que me amenazó a mí y a mi hija si no firmaba la transferencia de acciones en poder de ellos. Fue un despojo absoluto.  
–¿Cuál es el balance de estos tres años?
–En 2010 tomé la decisión de salir a denunciar a estos personajes por lealtad a David. Después de la asamblea de Papel Prensa que todos hablaron de números, yo les dije en la cara que estaba sentada ahí por una historia de amor. Eso definió mi vida en base a un recuerdo verdadero. Fue un cambio tan drástico como el ’76, cuando muere David. Todo se define como una identidad para mí y gira en torno a su verdadera dimensión.
–Desde Clarín insisten en que usted nunca había hecho referencia a Papel Prensa, ¿qué les responde?
–No es cierto. Los militantes de las organizaciones de Derechos Humanos saben que no miento. Los que me conocieron en la cárcel también saben que siempre hablé de Papel Prensa. Y por eso era la última de las marginadas en los pabellones. El resto de las internas se apartaban de mí por miedo. Porque el miedo tiene un olor determinado, se puede oler el miedo. Que es muy distinto a lavarse o no lavarse. El miedo no se quita con una ducha, nene.
–¿Cómo sobrellevó la vida en libertad? 
–Cuando salí de la cárcel en el ’82 volví a ejercer como psicóloga. Recién ahora me libero del miedo. Todo eso me produjo el año 2010. Más tarde volvió la negrura de la muerte con Néstor, que era muy afectuoso conmigo, eso me hizo pelota. Murió él, me rompí un pie y me explotó una mano. Quedé en sillas de ruedas. Me preguntaba qué iba a pasar. Por suerte todo se encaminó. Fui al velatorio de Néstor con mucho dolor y conversé con la presidenta. Hablamos de la fe, de nuestras convicciones. Ella es una mujer muy firme. Es lo que vos ves: clara y precisa.

 El hermano de Lidia, Osvaldo Papaleo, de trayectoria en el peronismo, recuerda las charlas con algunos intendentes y dirigentes del interior sobre Papel Prensa en tiempos de debate por la Ley de Medios. Cuenta que incluso en algunas provincias hay quienes todavía le temen a Clarín. Afirma que sólo Néstor, Cristina y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, fueron y son los más firmes defensores de la lucha por la verdad contra la mayor corporación mediática del país.
"Ustedes que hicieron aquella nota con Isidoro Graiver donde se reveló lo que opinaba antes de ser ‘requerido’ por Clarín –remarca Osvaldo Papaleo– tienen que saber que el domicilio de este personaje es un misterio desconocido. Hubo al menos dos millones y medio de razones para que este señor se fuera a vivir a Londres. Estos tipos no tienen límites."
La voz de Lidia y las circunstancias como gotas heladas.
Ciertos abogados que quisieron "mediar" para quebrarla. Pegajosos del poder del dinero. Sicarios trajeados y ejecutantes.
Afuera sigue lloviendo. Nos despedimos con un abrazo cálido.
Desandar el camino perseverando contra el señor Matanza.
De eso se trata. «



un juez en su laberinto
Por estas horas, el juez federal Julián Ercolini transita su laberinto. Según fuentes de la investigación, en los próximos días podría "haber novedades y citaciones" en la causa que lleva tres años de plancha en los cajones del fuero federal.
Desde que el recientemente jubilado magistrado platense, Arnaldo Corazza, se declaró incompetente, tras permitir que Isidoro Graiver se fuera del país y declarara de forma contradictoria en su juzgado, el complejo expediente anduvo mudado entre La Plata y la Capital Federal. Ninguno de los jueces actuantes se animó a citar a testimoniar a Héctor Magnetto y a Bartolomé Mitre, de Clarín y La Nación. Cuando la causa pasó fugazmente por el despacho de Daniel Rafecas, el CEO de Noble se presentó en persona en el Consejo de la Magistratura para pedir su juicio político. Con el antecedente del ex juez Roberto Marquevich, destituido en 2004, luego de encarcelar a la viuda de Noble por el presunto trámite irregular de la adopción de sus hijos Felipe y Marcela, el Poder independiente de la Justicia se apagó.
Por lo general, los funcionarios judiciales suelen otorgarle cautelares al grupo como los árbitros fallan penales inexistentes. 
Lo último que se supo, tal como publicó este diario el pasado 11 de mayo, fue que Ercolini "requirió el envío de todos los balances y un informe sobre la tasación y la evolución del precio de sus acciones 'desde sus orígenes' para determinar si hubo 'precio vil' en la venta" de Papel Prensa.
El "farragoso" análisis económico y contable dispuesto por Ercolini no significa –de hecho– que desde su juzgado avancen con la acusación de lesa humanidad promovida por el Estado.
Lidia Papaleo recibió una primera cuota de 7000 dólares cuando firmó el traspaso de acciones en las oficinas de La Nación el 2 de noviembre de 1976. Meses después, el 14 de marzo del '77, fue secuestrada por un grupo de tareas al mando de Ramón Camps.

Por:   »    J.A

Diario @JCiviles