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martes, 11 de junio de 2013

A Clarín y La Nación les molesta la justicia.

En poco tiempo se cumplirán 35 años de una imagen: la foto que tantas veces vimos del genocida Videla brindando con Ernestina Herrera de Noble en la inauguración de la Planta de Papel Prensa.

Nosotros señalamos a Clarín y La Nación como partícipes de los delitos de lesa humanidad. No fueron sólo socios de la dictadura: fueron parte de la maquinaria del horror, de la censura, de la mentira, la persecución, la violación sistemática a los Derechos Humanos.

El Poder Judicial tiene en sus manos la causa iniciada con la denuncia de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, como parte de las políticas históricas de Memoria, Verdad y Justicia. Pero no avanza. Detrás de los crímenes de Clarín y La Nación hay mucho más que empresas: está la forma sistemática de pensar y comunicar de multimedios que siempre optaron por defender los intereses de unos pocos. Clarín y La Nación fueron la dictadura y siguen siendo ideólogos de un proyecto de país para pocos.

La apropiación de la empresa Papel Prensa fue silenciada durante muchos años, pero pudimos quebrar el silencio y gritar que Clarín y La Nación también fueron la dictadura. Pudimos llevar la causa al Poder Judicial, porque los delitos son de lesa humanidad, pudimos demostrar la forma de operar de Clarín, que no sólo incluye la concentración económica, sino también la simbólica: forma opinión. En el último tiempo, Clarín volvió a usar un discurso del miedo, del terror, de la inestabilidad. No quiere defender bajo ningún punto de vista un proyecto de Patria que sea para todos.

Los delitos cometidos por Ernestina Herrera de Noble y sus socios son muy graves, porque están enmarcados en crímenes contra la humanidad. Son daños en perjuicio de todo el pueblo. En particular, la apropiación de Papel Prensa no sólo es un delito por cómo fue cometida, sino también por su contexto: una dictadura cívico-militar. El Estado ha sido víctima de los crímenes de Clarín y La Nación, que al ser de lesa humanidad no prescriben y se siguen cometiendo.

Decir que Clarín miente es mucho más que un slogan: es la denuncia contundente sobre un grupo que debería respetar el compromiso de comunicar e informar a la sociedad, pero que opta por mentir; es la afirmación de que mientras en las calles hay un pueblo entero que lucha por saber toda la verdad sobre los desaparecidos, Clarín sigue eligiendo ocultar lo que sabe e hizo.

El proceso histórico de Memoria, Verdad y Justicia está trabajando sobre la participación de Clarín, La Nación y La Razón en los delitos de lesa humanidad. Y también está avanzando sobre La Nueva Provincia de Bahía Blanca. Tenemos el orgullo de poder decir que acá se juzga a genocidas, acá se sostiene desde hace diez años la decisión política de juzgar y condenar a los verdugos, acá se demuestra que la impunidad no es eterna y que la mentira tampoco.

A Clarín y La Nación les molesta la justicia. Tiemblan sus títulos falsos. Sin dudarlo, se encolumnaron detrás del vocero De la Sota para pedir la baja de las condenas de los genocidas a cambio de información. Qué alivio habrán sentido cuando De la Sota hizo noticia lo que ellos no podían publicar.


Fuente: Tiempo Argentino 

martes, 20 de noviembre de 2012

Lucrar con la opinión pública. Las mentiras y los engaños de La Nación en sus editoriales.









Miércoles 23 de mayo de 2012 | Editorial II





Lucrar con los derechos humanos
Es de esperar que el gobierno nacional no termine enredado en los ofensivos reclamos de Eduardo Saiegh
(....)
Mediante una resolución del ex ministro de Economía Carlos Fernández, ratificada por un decreto, el gobierno nacional impidió el cobro de cincuenta millones de dólares que reclamaba como indemnización Eduardo Saiegh, quien fue propietario del ex Banco Latinoamericano, liquidado por insolvencia en 1981. Esta entidad cayó en esa situación agobiada por una cartera de autopréstamos y créditos a empresas insolventes. La liquidación siguió los procedimientos aplicables al caso.

Buscando otra alternativa para fundar su pretensión, Saiegh inició una querella por "secuestro y torturas", alegando haber sufrido delitos de lesa humanidad hace más de 30 años.

En la ratificación de su denuncia sostuvo: "Pasamos de un terrorismo de Estado -refiriéndose a la época de liquidación de su banco-, a un Estado de terror", en alusión al actual gobierno, que dictó la medida que lo perjudica.

Pero, paradójicamente, el mismo Estado nacional, a través de la Secretaría de Derechos Humanos, se ha hecho parte querellante en la misma causa adhiriendo "a la presentación y petitorio de las medidas efectuadas por el Sr. Agente Fiscal y el propio Eduardo Saiegh". De modo que el propio Gobierno hoy se denuncia a sí mismo, al no negar el calificativo de "Estado de terror" ni las demás descalificaciones.

Es de esperar que el nuevo secretario de Derechos Humanos separe la paja del trigo y evite que la gestión del organismo a su cargo se vea enredada en este burdo intento de lograr hacer un negocio de alto vuelo con reclamos vestidos de derechos humanos y antisemitismo, que ofenden la memoria de quienes han sufrido realmente violaciones de los derechos humanos..





Es de esperar que la opinión pública no termine enredada en las mentiras y engaños de la Nación.









El engaño al lector se articula desde el comienzo. Informan el decreto de 2010 como si se tratara de un hecho reciente. Configuran en un supuesto presente,  un supuesto conflicto entre Saiegh y el gobierno, cuando en realidad, el gobierno  respalda y acompaña sus reclamos  como co-querellante en la misma causa.  Agravian y difaman a Saiegh por sus reclamos, pero si los hace el gobierno, no pasa nada, nadie se ofende.  Al contrario,  la editorial lo defiende, se pone de su lado y así termina reciclando los argumentos del terrorismo de estado para justificar la medida.


Se saca de contexto el decreto, se distorsionan unas partes, se ocultan otras, y el relato oficial  parece contener aquel  argumento perverso,  que renueva  su apariencia legal y tranquiliza los nervios de un carácter original, tan falso como siniestro.

La medida del gobierno es desfigurada de modo que se interpreta por el lector como una garantia que prueba verdadera la versión del diario,  de una liquidación normal y sin irregularidades. La opinión pública, se inclina en favor de los acusados, a pesar de las contradicciones,  las partes que no le cierran o que le faltan del relato.  La posición esta tomada, y modificarla implica demasiado esfuerzo.

Para asegurar ese objetivo, la editorial no menciona que en el mismo decreto, el Gobierno reconoce que los padecimientos sufridos por Saiegh son compatibles con el accionar del Terrorismo de Estado. y por lo tanto,  la justicia es quien debe dictar la medida que repare los daños causados. Y no deben limitarse a la restitución de los bienes desapropiados ilegítimamente únicamente, también debe garantizar una compensación justa y proporcional a las perdidas ocasionadas por ese accionar criminal. Pero sobre todo, debe investigar, juzgar y castigar a quienes cometieron esos crímenes en su nombre. El pago de la indemnización, habría saldado una parte del daño, pero corrigiendo los errores por la mitad,  podría causar otros nuevos. Como por  ejemplo, si al reparar los daños materiales,  asume la responsabilidad total de sus delitos,  les estaría garantizando la impunidad total a quienes los planificaron, los ejecutaron y se beneficiaron.

Hasta entonces, habrá que tolerar este tipo de paradojas y contradicciones de este tipo; como levantar la bandera de los Derechos Humanos,  pero negar delitos y apropiaciones ilegitimas de bienes con argumentos que se obtuvieron al violarlos; o como salir en defensa de los intereses públicos, solamente para conservar los beneficios privados que se apropiaron administrando el estado a través del terror y el terror a través del estado. 

La editorial,  acusa a Eduardo Saiegh de ofender la memoria de quienes han sufrido ‘realmente’ violaciones de los derechos humanos, porque sus reclamos  se apoyan en  hechos que ‘resultarían falsos’. No lo afirman y lo presumen,  de modo que desconocen la realidad de los hechos. Y los desconocen,  porque desestiman los fallos de la Justicia que, en Democracia y en reiteradas ocasiones  confirman que Saiegh fue secuestrado, torturado y despojado de sus bienes en 1981.

Pero no explican que actualmente,  promueve junto a la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, una querella contra José Alfredo Martínez de Hoz y Alejandro Reynal, por encontrarlos responsables de esos delitos,  los cuales han sido declarados ‘de lesa humanidad’. Estos reclamos, para La Nación, ofenden la memoria de las victimas. Pero no de todas. Solo algunas. Solo las que, por alguna oscura razón, ellos saben que son reales.  La Nación puede decir quienes han sufrido realmente delitos de ese tipo y quienes no. Tal vez por eso puedan hablar en su nombre, y ocultar que esos reclamos en verdad no ofenden a las victimas, sino mas bien, asustan a sus victimarios.

Explican que el  BLA  fue “liquidado por insolvencia”  y que cae en esta situación “agobiado por una cartera de autopréstamos y créditos a empresas insolventes”. Este argumento, se obtuvo mediante secuestro y tortura. Con esos métodos,  amenazaban a la victima y la obligaban firmar los documentos, que le daban un aspecto legitimo al desapoderamiento y un argumento para poder justificarlo en ocasiones como la que presenta esta editorial,  que sigue en esta línea y lo demuestra con la misma impunidad que pasa inadvertida. “La liquidación siguió los procedimientos aplicables al caso”, explican con ironía, y trasmiten  en codificado, el orden establecido por el terrorismo de estado.

Con respecto al  “Estado de Terror”, ¿Porque el Gobierno debería tomar medidas tan severas como las que La Nación espera  que tome solamente por ese “descalificativo? Quizás están muy acostumbrados a hablar bien del poder de turno y recibir favores a cambio. Y tal vez, eso explique porque saben quienes han sido realmente victimas y quienes no. Y por eso no le llevan esa información a la Justicia, y prefieren utilizarla en esta editorial para que los civiles ideólogos y cómplices de la dictadura, sigan castigando a sus victimas.

M.R.
JCCC ID
juicioalosciviles@gmail.com
@Jciviles


viernes, 16 de noviembre de 2012

POR FIN COMIENZA A DESPERTAR LA JUSTICIA





16 DE NOVIEMBRE DE 2012

BLAQUIER PROCESADO POR LA REPRESIÓN DICTATORIAL.
BLAQUIER FUE PROCESADO POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD
“COMPLICE EN PRIMER GRADO”
Por Alejandra Dandan

El juez acusó al dueño del Ingenio Ledesma por su responsabilidad en el secuestro de 26 personas durante el operativo conocido como la Noche del Apagón. También lo procesó en otra causa por la detención ilegal de Luis Arédez, el intendente de Libertador General San Martín, y otros dos sindicalistas.


EL DUEÑO DEL INGENIO LEDESMA FUE ACUSADO COMO COMPLICE DE 29 SECUESTROS, ENTRE ELLOS LOS DE LA NOCHE DEL APAGON
Blaquier procesado por la represión dictatorial
El juez Fernando Poviña lo procesó en dos causas. “La cooperación tuvo lugar en el marco de una persecución político-sindical llevada a cabo por la empresa Ledesma”, dice el escrito, que también alcanza al ex gerente administrativo Alberto Lemos.
Por Alejandra Dandan

Imagen: DyN
El paso está dado. El juez federal Fernando Poviña procesó al empresario Carlos Pedro Tadeo Blaquier como cómplice en primer grado de la privación ilegal de la libertad agravada de 29 personas durante la última dictadura militar. El procesamiento se hizo en dos causas, cuyas distintas características importan para entender el peso determinante de esta medida. 

El primer expediente se refiere a tres dirigentes sindicales secuestrados el 24 de marzo de 1976, entre los que está el ex intendente Luis Arédez. Las otras 26 personas son secuestrados de la Noche del Apagón de julio de ese año. Los “referentes” sindicales del primer grupo, con fuertes vínculos con los trabajadores del Ingenio Ledesma, fueron perseguidos y secuestrados “individualmente”. Los integrantes del segundo grupo “no eran referentes”, pero estaban emparentados con los trabajadores y eran posibles enemigos de la empresa. Además del dueño del Ingenio Ledesma, Poviña procesó al gerente administrativo Alberto Lemos. Embargó a Blaquier por once millones de pesos y a Lemos, por cinco. La resolución dio por probados dos tipos de colaboración: el aporte material –fundado especialmente en los “vehículos”– y el “dolo”: la voluntad de colaborar con una dictadura que fundaba un nuevo orden económico “neoliberal” que los beneficiaba: “La cooperación en cadena de los imputados tuvo lugar, a su vez, en el marco de una persecución político-sindical llevada a cabo por la empresa Ledesma SAAIII –dice el escrito– contra los dirigentes sindicales de la misma, tal como se evidenció oportunamente”.

En los dos procesamientos, de unas 200 páginas cada uno, además del análisis y organización del cúmulo de prueba, se citan antecedentes de Nuremberg y de otros escenarios de justicia, como para empezar a pensar jurídicamente aquí la responsabilidad penal del sector empresario. Ese es el contexto en el que lee el caso Ledesma, y acaso es uno de los aportes importantes para próximas causas.

“En tanto que además de aquel apoyo intra e interinstitucional con el que contaron las fuerzas de represión para arrebatar la representación política, los militares a cargo de los sucesivos golpes de Estado fueron apoyados y se beneficiaron con la colaboración activa de los mayores grupos económicos del país”, dice la resolución. “La política económica y la política represiva estuvieron, entonces, estrechamente relacionadas. Así, no resulta sorprendente a esta altura del análisis que aquellos militares que participaron en los sucesivos golpes de Estado y asumieron la conducción estatal como ministros o funcionarios públicos fueran luego de su retiro contratados por las grandes corporaciones como lobbistas o asesores”. Con estas citas de Victoria Basualdo y Daniel Cieza, entre otros, Poviña situó a Ledesma en su mundo de relaciones políticas con nombres como José Alfredo Martínez de Hoz, los créditos que beneficiaron a Ledesma y las políticas de liquidación de los ingenios azucareros del norte del país que sirvieron para concentrar la industria en Salta y de Jujuy, y allí de Pedro Blaquier.

En este esquema, de confluencia de intereses, observó el resto de la causa. Situó a Lemos y Blaquier en la figura de “cómplice” pensando en el rol posible para quienes no eran funcionarios del espacio político. Y en ese contexto analizó los dos aportes.

“En resumidas cuentas –indicó–, el aporte rendido por Blaquier y Lemos como la facilitación de medios de transporte para el traslado de los detenidos se orientó a la consumación de los hechos principales de privación de libertad de las víctimas.” Pasado ese primer peldaño, “y de acuerdo con las especiales circunstancias históricas que rodean los hechos, puede inferirse que los imputados obraron dolosamente, es decir, se advierte que tenían pleno conocimiento de que realizaban un aporte de convergencia lesiva en los hechos delictivos perpetrados por las Fuerzas Armadas dentro de un ataque generalizado y sistemático en la denominada lucha contra la subversión. En dicho contexto, la cooperación en cadena de los imputados Blaquier y Lemos tuvo lugar, a su vez, en el marco de una persecución político-sindical llevada a cabo por la empresa Ledesma contra los dirigentes sindicales de la misma, tal como se evidenció oportunamente, al reconstruir las acciones reprochadas”.

La prueba
Según la resolución, la investigación no está cerrada, sino que debe continuar sobre el resto de las acusaciones realizadas por el fiscal Pablo Pelazzo y las querellas. Están pendientes la imputación por tormentos y homicidios y el pedido de detención.

Hasta ahora, las resoluciones en las causas por delitos de lesa humanidad hicieron hincapié en la persecución política e ideológica de la última dictadura, explican desde el juzgado. Esta resolución intenta modificar conceptualmente la forma de concebir la confluencia de intereses entre el sector empresario y los militares. Ese es el corazón del escrito. Luego analiza la contribución de Ledesma, marcada especialmente por el aporte de vehículos para trasladar a los detenidos en forma ilegal en el contexto de dos expedientes: 1) la llamada “causa Arédez” y 2) la causa conocida por “la Noche del Apagón”.

1) En la causa Arédez, los procesaron por tres de las cinco víctimas. Fueron detenidas el 24 de marzo, las llevaron a la cárcel de Villa Gorritti, luego a la Unidad 9 de La Plata y las dejaron en libertad. Todos eran dirigentes sindicales conocidos y quedó demostrado que con tres de ellos usaron las camionetas de la empresa para los traslados. Todos fueron individualizados, detenidos de forma aislada, y en general en sus domicilios.

2) El otro expediente son las víctimas de las noches de apagones del 20 al 27 de julio de 1976. Aunque no son todas las víctimas, el procesamiento probó la complicidad de los empresarios en 26 traslados. Así como las otras estaban “invididualizadas”, estos secuestros fueron colectivos. “Las detenciones fueron masivas y, en ese caso, donde para poder hacer todo eso la policía provincial contaba con poco parque automotor, necesitaban más vehículos, porque eran muchas las personas que se iban a detener”, explica una fuente de la causa.

“Ellos no eran los ‘referentes’ sindicales sino los que quedaban ‘por las dudas’: tenían algún tipo de vínculos con la empresa o familiares, no eran las personas individualizadas como parte de la lucha sindical”.

El aporte “doloso” quedó fundado en las pruebas que demuestran la persecución que ejerció Ledesma sobre los trabajadores. Entre ellas está el material que recogió el juzgado en los allanamientos, como los legajos con indicaciones de filiación política y biográfica de los delegados y obreros. Y los informes que demuestran que iban siguiendo el recorrido interno de los detenidos. El caso de Arédez es especialmente representativo porque todas las pruebas indican que su persecución se fundó en el importantísimo rol que tuvo a nivel sindical la reivindicación de derechos sociales y la decisión de cobrarle impuestos a la empresa, como lo dijo una y otra vez su mujer, Olga Arédez, hasta su muerte, una figura que también es destacada en el procesamiento. Blaquier y Lemos hasta ahora fueron procesados por su primer secuestro, todavía queda pendiente el segundo y su desaparición.

El aporte de los vehículos se sostiene en innumerables testimonios, pero además en documentos que permitieron consolidar la prueba: el libro de novedades del destacamento de Orán que marca el ingreso de camiones de Ledesma el día del golpe y, entre otros, un convenio hallado la semana pasada entre el jefe de Gendarmería de la zona y la empresa Ledesma para la provisión del camiones. El jefe de Gendarmería en ese momento era Antonio Domingo Bussi, el convenio es posterior a los hechos, pero para el juzgado vino a blanquear la situación de hecho.

EL 7D AFINA LA PUNTERIA



Bartolomé Mitre manifestó sus pensamiento político en un reportaje con la revista brasilera Veja, en la que se quejó de que en Argentina hay "una clase baja que no se informa, no escucha, no toma conciencia y sigue a la Presidenta".
A la vez, Mitre afirmó que “el gobierno viola la libertad de expresión” y que "hace lo que quiere” en el Congreso, asegurando que “ni la dictadura militar llegaba a tanto”.

Sin embargo, el empresario no reparó en ningún pasaje de la entrevista que durante la última dictadura el Congreso Nacional estuvo suspendido.

“Cristina (Fernández de Kirchner) utiliza el argumento de la democracia en su favor, pero no es más que una farsa. El gobierno viola la libertad de expresión. En el Congreso, hace lo que quiere”, acusó Mitre.
En esa línea señaló: “Ni el gobierno de Perón ni el de la dictadura militar llegaba a tanto. Todo parece nacer de Cristina”.

En ese contexto, el periodista que realizaba la entrevista le planteó sus dudas frente a tales afirmaciones: “Los argentinos son considerados como cultos y politizados. ¿Por qué dejar que eso suceda?”.

Allí, el empresario volvió a dejar en evidencia su ideología: “Argentina no es más un país culto”.

Y no se detuvo: “Hay una elite de este país que piensa de una manera y una clase baja que no se informa, no escucha, no toma conciencia y sigue a la Presidenta. Cuanto menos cultura hay, Cristina obtiene más votos”.

Para entender las comparaciones que realiza Mitre entre el gobierno nacional elegido a través de las urnas y la última dictadura militar quizás sea útil repasar los titulares del diario La Nación en referencia al gobierno de facto.

“Detenidos por subversión en la Universidad del Sur” y “Expresivos discursos del General Videla”, eran títulos de tapa de La Nación el 13 de noviembre de 1976, mismo año en el que aparecieron títulos de tapa como “Dieron muerte a 8 extremistas”.

“Videla y Carter hablaron de democracia y derechos humanos”, titulaba el matutino el 10 de septiembre de 1977.

“Iniciase hoy una nueva etapa del Proceso de Reorganización Militar”, era el título resonante de la edición del 1 de agosto de 1978, de un diario que informaba a gusto de la represión.

Además de comparar a este gobierno con la última dictadura militar, con la misma lógica de pensamiento durante el reportaje Mitre califica como “confiscación” a la iniciativa del Poder Ejecutivo, aprobada por el Congreso de la Nación, de recuperar la mayoría accionaria de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

Mitre también ataco a los militantes de La Cámpora con falsas acusaciones como que “el año pasado, los camporistas tomaron la sede de Cablevisión, un canal de cable propiedad de Clarín”.

Diario @JCiviles