domingo, 14 de octubre de 2012

OYARBIDE DECIDE: JUSTICIA O IMPUNIDAD




El fiscal federal Eduardo Taiano requirió al juez federal Norberto Oyarbide que reabra la causa que investiga al ex vicepresidente del Banco Central en la última dictadura militar, Alejandro Reynal. Se invetsiga su presunta participación o complicidad en el desapoderamiento del Banco Latinoamericano, de Eduardo Saiegh, por considerarlo un delito de lesa humanidad.
En un dictamen entregado al magistrado, quien tendrá la palabra final, Taiano consideró que "lo sufrido por Saiegh se encuadra en delitos de lesa humanidad, imprescriptibles, y en el caso puntual de la eventual responsabilidad de Reynal, la pesquisa debería unificarse con otra que investiga todo lo ocurrido", según el texto al que accedió Télam. 

Para la fiscalía, el empresario "fue injustamente secuestrado por una comisión paramilitar" en octubre de 1980 y "durante seis días fue salvajemente torturado para que confesara delitos inexistentes en el Banco, con el objeto de desapoderarlo del paquete accionario que tenía de la línea aérea Austral". Saiegh afirmó que fue obligado a tramitar la autoliquidación del banco para ser liberado y que luego desaparecieron del Tesoro de la entidad que fundó y de la cual era accionista mayoritario la totalidad de las acciones de la compañía aérea que eran garantía de un préstamo de unos siete millones de dólares. En la causa son querellantes el ex banquero y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. 
    
Taiano entendió que "los crímenes cometidos por el gobierno de facto importaron una multitud de actos ilícitos tales como privaciones de la libertad, torturas, homicidios, robos, extorsiones, apropiaciones de niños" que se realizaron "en forma sistemática y a gran escala y perpetrados desde el poder estatal". Por eso deben ser considerados imprescriptibles, remarcó al pedir la reapertura del caso a Oyarbide. 

En cuanto a la responsabilidad de Reynal, apuntó que cuando se liberó a Saiegh fue desde el Banco Central donde se obligó al directorio del Latinoamericano "mediante extorsión" a someterse a una "autoliquidación voluntaria" que en la vuelta de la democracia fue considerada ilegal en dictámenes de la Procuración del Tesoro de la Nación. La fiscalía consideró además que "los ataques a la propiedad realizados en el marco de esa persecución política a gran escala, sistemática y planificada, integran los delitos o crímenes contra la humanidad". 

La Cámara Federal porteña apartó del caso al anterior juez del caso, Daniel Rafecas, porque durante dos años tuvo la causa a cargo y finalmente no aceptó una recusación contra Rivolo cuando éste dictaminó a favor del cierre del expediente en donde también está imputado el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Rivolo finalmente se excusó y Saiegh presentó un pedido de juicio político ante la Procuración General de la Nación por supuesto "mal desempeño y negligencia". 
    
Finalmente, la causa quedó a cargo del fiscal Taiano y de Oyarbide, quien ahora deberá decidir si avala a la fiscalía y dictamina que lo ocurrido puede ser encuadrado como delito de lesa humanidad imprescriptible.

Señales: El "#7D", Clarín y Cristina Fernández juegan la final

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lunes, 18 de junio de 2012

Los autores intelectuales.




Por Pacho O’Donnell *
Llamar “dictadura militar” al ominoso Proceso de Reconstrucción Nacional es indultar sin razón al componente civil de aquellos años oscurísimos y sangrantes en que el terrorismo de Estado campeó en nuestra Patria.

Los civiles fueron parte indispensable de la dictadura cívico-militar y en gran medida pueden ser considerados los autores intelectuales de la misma. Tanto es así que, a mediados de julio de 1975, el presidente del Consejo Empresario Argentino, José Alfredo Martínez de Hoz, se apersonó ante el comandante en Jefe del Ejército, general Jorge Rafael Videla, para ofrecerle apoyo empresarial en caso de una intervención militar que pusiera fin al clima de anarquía violenta e hiperinflación desatada que reinaba entonces en el país. Vectores sin duda provocados y exacerbados para crear en la sociedad las condiciones necesarias para impedir la reacción ante el golpe de Estado.

Las reuniones entre empresarios y militares se hicieron frecuentes y eficaces, habitualmente en las oficinas del director de Citroën, Jaime Perriaux, y en ellas fueron delineándose, también con la participación del comandante en Jefe de la Armada, almirante Eduardo Massera, la composición y los propósitos del futuro gobierno, entre ellos la represión de una supuesta infiltración marxista en los sindicatos de sus fábricas y empresas, objetivo que a la postre fue más extendido que la aniquilación de la guerrilla.

Como lo denunciara Emilio Mignone en su libro Iglesia y dictadura, en octubre de 1975 la jerarquía de la Iglesia Católica se sumó a las sesiones conspirativas, mientras que Miguel Bonasso, en un artículo periodístico, reveló que Ricardo Balbín y Francisco Manrique, líderes de partidos tradicionalmente democráticos como la Unión Cívica Radical y el Partido Federal, se negaron a participar activamente, pero en cambio se comprometieron a no oponerse.

Después del 24 de marzo de 1976, las organizaciones empresariales comprometidas con el golpe tuvieron su premio, como no podía ser de otra manera, sobre todo en el área económica, la cabeza del nuevo gobierno cívico-militar. El Consejo Empresario Argentino, en la persona de su presidente, Martínez de Hoz, recibió el Ministerio de Economía. La Secretaría de Ganadería le correspondió a la Sociedad Rural Argentina, representada por Jorge Zorreguieta. El Banco Central le fue entregado a la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (Adeba), representado por Adolfo Diz, en un mensaje también dirigido a los organismo internacionales pues había sido director ejecutivo del FMI. Como secretario de Programación y Coordinación Económica fue nombrado Guillermo Walter Klein, de la Cámara Argentina de Comercio.

Luego de Martínez de Hoz fueron ministros de Economía Lorenzo Sigaut, José Dagnino Pastore (quien nombró a Domingo Cavallo al frente del Banco Central) y Jorge Wehbe.

Los civiles también recibieron otras carteras, como el Ministerio de Educación, ejercido sucesivamente por Ricardo Bruera, Juan José Catalán y Juan Rafael Llerena Amadeo, durante cuyas gestiones intelectuales y educadores fueron secuestrados y desaparecidos, muchos obligados al exilio y separados de sus cátedras. Se quemaron y prohibieron libros y se clausuraron editoriales. En Buenos Aires, Ricardo Freixá fue secretario de Cultura y Kive Staiff director del Teatro San Martín.

Durante el gobierno del general Viola, sucesor de Videla, el Ministerio de Justicia estuvo a cargo de Amadeo Frúgoli y luego de Lucas Jaime Lennon. En cuanto al Ministerio de Relaciones Exteriores, también fue entregado a civiles: Oscar Camilión, Nicanor Costa Méndez y Juan Ramón Aguirre Lanari. Fueron embajadores políticos Héctor Hidalgo Solá, Rubén Blanco, Tomás de Anchorena, Rafael Martínez Raymonda, Oscar Camilión, Francisco Moyano, Américo Ghioldi y otros.

Los políticos civiles también colaboraron haciéndose cargo de 794 intendencias a lo largo y a lo ancho del país: Unión Cívica Radical: 310, Partido Justicialista: 169, Partido Demócrata Progresista: 109, Movimiento de Integración y Desarrollo: 94, Fuerza Federalista Popular: 78, otros partidos: 44.

Debemos contabilizar asimismo a muchos periodistas que fueron funcionales a la dictadura, también intelectuales, educadores, empresarios,etc.

La sociedad argentina, por magnanimidad o porque mayoritariamente no se sintió exenta de culpa, permitió que la mayoría de los civiles cómplices o colaboracionistas se reciclaran en la democracia, sin exigirles la rendición de cuentas que, con justicia aunque con demoras e indultos, exigió y exige a los miembros de las Fuerzas Armadas. En cuanto a la justicia, es necesario encontrar las vías legales para evitar la prescripción de tanta complicidad. Y en cuanto a nosotros, siempre llamemos dictadura cívico-militar al Proceso de Reorganización Nacional.

* Titular del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.

Diario @JCiviles